El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) “profundamente preocupada por los alarmantes niveles de propagación de la enfermedad y por su gravedad, y por los niveles también alarmantes de inacción”, determina que la COVID-19 puede caracterizarse por una pandemia (OMS, 27/04/2020).

Desde el primer momento en que se tuvo conocimiento del nivel de propagación y letalidad del virus, se implementaron medidas sanitarias priorizando la integridad y salud de los feligreses. Se limitó el número de asistentes a los templos, el distanciamiento en las ceremonias religiosas, el uso del cubrebocas, la sanitización de las casas de oración y el uso de gel antibacterial.

Al hacerse del conocimiento público el incremento de contagios a nivel mundial, y en solidaridad con la ciudadanía, se restringió el acceso a los templos, adoptando a partir de ese momento los medios digitales como alternativa para continuar con su labor espiritual mediante la recepción de las transmisiones de servicios religiosos en los hogares de los fieles.

A la par de estas acciones, los fieles comenzaron a orar en sus reuniones diarias por los profesionales de la salud que atienden la emergencia sanitaria, aun con el riesgo de exponerse a los pacientes con coronavirus.

El 12 de abril de 2020, como una muestra simbólica de apoyo al personal médico, los templos de La Luz del Mundo en todo el orbe se iluminaron de azul, entre ellos el templo de la colonia Hermosa Provincia de Guadalajara, Jalisco. Ese día hizo un llamado a la sociedad a evitar actos de discriminación contra el personal de salud que labora en clínicas y hospitales.

En varias comunidades de México y el mundo, esta labor ha sido la diferencia para muchas familias vulnerables que han recibido apoyo en despensas de parte de los fieles, quienes han manifestado su voluntad de seguir trabajando inspirados en las palabras del Señor Jesús: “Vosotros sois La Luz del Mundo”.

En el marco de la pandemia, los fieles han descubierto una oportunidad para manifestar su fe mediante la práctica de sus valores cristianos, atendiendo en todo tiempo las medidas sanitarias.

Ha pasado el tiempo y, a pesar del prolongado confinamiento, la ayuda no se detiene, por el contrario, se fortalece. Los feligreses han permanecido resguardándose del virus en sus hogares, pero su amor y solidaridad no se han quedado en casa: han favorecido a cientos de hogares y familias.