Son miles las familias que conviven en Hermosa Provincia y las demás sedes de la Santa Convocación. No se trata de una convivencia social, es una convivencia de fe.

La promesa de Dios a Abraham fue esta: “serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, y eso es justamente lo que se observa en todas y cada una de las sedes de la celebración: familias cuya fe demuestra a propios y extraños que son benditas de Dios.

Bendito es todo aquel que confía en Dios y cuya confianza es Él (Jeremías 17:7). Y eso son los hermanos y las familias que han venido desde lejanas tierras para participar en la fiesta más grande de toda la tierra. Viajaron confiando en Dios, y permanecen aquí confiando en Él.

Al respecto, esto dijo el apóstol Pablo en su única carta a los gálatas: “De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gálatas 3:9).

Aparte de la fe que los ayuda a avanzar y a no retroceder, hay otros valores en la vida de ellos que dan testimonio de que son hijos benditos de Dios: el amor, la esperanza, el respeto, la honestidad, la justicia…

En la Santa Cena 2023 ha ocurrido el anhelado reencuentro de las familias creyentes y benditas de Dios. No se habían visto en mucho tiempo, por el paso prolongado y letal de la pandemia por Covid-19, pero ahora se han reencontrado felizmente en la colonia de hijos de Dios.

El pasado 9 de agosto, estas familias se fundieron en un prolongado abrazo fraterno al final de la ceremonia de Bienvenida. Aparecieron también en el desarrollo del evento las lágrimas, las sonrisas y las palabras entrecortadas por la emoción del reencuentro.

La presencia de cada persona demostró que La Luz del Mundo sigue bien unida, con la unidad perfecta que caracteriza al cuerpo de Cristo, que se haya “bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente” (Efesios 4:16).

Estas familias, cuyos integrantes han aceptado el desafío de demostrarse a sí mismas y a las demás personas que son Luz del Mundo, tienen la misión de brillar siempre como luminares en el mundo, con buenas obras, no sólo en el ámbito de la religión, sino también socialmente.

Para todas las familias de la comunidad, las presentes y las ausentes, asumir este desafío es sinónimo de acción en su día a día, de proclamar con orgullo, a diestra y siniestra, sus principios y valores.

Los padres de familia de La Luz del Mundo han demostrado una y otra vez que han asumido el desafío. Por ello su labor de instrucción constante en beneficio de su familia, que se traduce en la formación de valores en sus hijos e hijas, los cuales son de gran estima: “herencia de Jehová son los hijos” (Salmos 27:3).

El Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín habló sobre el tema la madrugada del 7 de enero de 2019: “Transmitir a los hijos principios y valores cristianos: tarea permanente de los padres de familia”.

Gracias al trabajo paternal conforme a la mencionada indicación apostólica, todos los hermanos que tienen la bendición de ser padres, ven en su familia el cumplimiento fiel del deseo del Rey David: “Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas como las de un palacio”.

Así, hoy en día los padres de La Luz del Mundo tienen el orgullo de que sus hijos, por su estudio, dedicación y esmero, hayan logrado títulos universitarios en diferentes disciplinas: Sociología, Humanidades, Derecho, Ciencias Políticas, Filosofía, Ciencias de la Comunicación, Psicología… Desde luego que el principal orgullo de estos padres es ver a sus hijos felices dentro de la comunidad, sirviendo por fe a Dios, aportando lo mejor de sus vidas en beneficio de sus hermanos en Cristo y de la sociedad entera.